29 de junio de 2013


No entiendo los secretos de la noche, tal vez por eso ahora tengo abiertos los ojos, rodeado de penumbra como en un vientre, recargando la nuca en mi almohada, mirando el techo, respirando con lentitud, acompasado igual que un monje, cruzando las manos sobre el pecho, pensando en nada –eso pienso-, escuchando sobre la madera quejumbrosa del silencio el ir y venir de las cucarachas. 
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Ernesto Hernàndez Doblas

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